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Mi pequeño mundo. Donde podré expresarme y compartir todo aquello que siento. Donde dejar volar la imaginación.

Ειρήνη

miércoles, 5 de septiembre de 2012




Todo comenzó una tarde de Septiembre, nos separaban escasos tres metros, pero pronto esos metros se convertirían en horas y horas de risas y charlas. Realmente todo comenzó a raíz de una frase que tú y yo conocemos muy bien. Esa frase uniría dos caminos que el destino sabía que debían encontrarse. Durante nueve meses, los martes y jueves llegábamos puntuales a esas cuatro paredes, cada vez con más ganas sabiendo que ahí estaríamos las dos. A pesar de haber una pequeña diferencia de edad, sentía que tú me comprendías mucho más que cualquier otra persona, poco a poco te ibas haciendo necesaria en mi vida. Pero esos nueves meses acabaron y llegó el verano… Tras él, ambas sabíamos que yo me iría fuera  y que ya nada sería lo mismo. En nuestras mentes era una despedida, pero no,  esa despedida no llegó. Decenas de mensajes, de comentarios, poco a poco volvieron a unir lo que el verano y la distancia había separado, fue ahí cuando verdaderamente valoré tu amistad. Sabía que no podía dejar escapar a una persona que se tomaba tantas molestias por saber de mí, me di cuenta de que te quería en mi vida. Desde entonces, conoces al detalle todo de mí, y yo de ti. Nuestra conexión no queda simplemente en la fecha de cumpleaños, queda mucho más allá, eres mi otra mitad. 
Sé que nunca te he dicho todo esto, pero ya sabes que esta es la manera en que mejor me expreso. Tampoco es fácil decir todo lo que significas para mí.
Realmente, nunca imaginé que podrías llegar a ser lo que hoy en día eres,  una parte fundamental en mi vida.
Y hoy te doy las gracias por todo lo que hemos vivido. Y también por anticipado a todo lo que viviremos.
                                              
[Tú me cantas "Te he echado de menos" cuando no nos vemos, yo desde hoy te la canto por todo el tiempo que pasó antes de conocernos.]

CARPE DIEM.

jueves, 9 de agosto de 2012




Hace tiempo decidí hacer de estas dos palabras mi filosofía de vida. Llega un momento en que te das cuenta de que tienes que aprovechar cada minuto, cada segundo de tu vida. Vivir el momento, sin importar lo que pueda pasar. Hacer lo que sientas ahora, sin pensar en el mañana. Sabes que lo que vives hoy pronto queda atrás y nunca se repetirá. Ese momento será único e irrepetible. Después, cuando pasen días, meses o incluso años, lo recordarás y sabrás que lo exprimiste al máximo. Es por esto por lo que es tan importante el CARPE DIEM en mi vida. Los momentos pasan pero los recuerdos quedan, y solo serán realmente buenos teniendo la certeza de que ha merecido la pena vivir todo aquello. Habiéndolo vivido con las personas que realmente valen la pena, con personas que quieres y que lo son todo para ti. Porque verdaderamente, los buenos momentos se viven con la gente que te rodea.

Yo lo comparo con una gran caja, una gran caja a la que vas añadiendo cosas importantes a lo largo de tu vida, en este caso, los recuerdos. Se van almacenando, uno a uno, sin límite alguno. Siempre habrá lugar para ellos, no ocupan espacio, simplemente nos hacen más felices.

Todo esto solo logré comprenderlo en el momento en que adopté esa expresión como mía.

Lo pequeño te hace grande.

miércoles, 4 de julio de 2012



A lo largo de nuestra vida tenemos que decidir muchas cosas. Algunas marcarán nuestra vida para siempre y otras simplemente se almacenarán en el montón de otras decisiones ya tomadas. Estas últimas aparentemente no nos sirven de nada, son pequeñas cosas, pero yo creo que esas pequeñas cosas son las que marcan la diferencia. Las decisiones insignificantes que quedan en nada a vista de todos son las que realmente nos llevan a tomar las grandes decisiones de nuestra vida. Es automático, es una decisión mecánica pero sin la que no podrías arriesgarte, no sin haber dado antes ese paso diminuto.
Esto no solo pasa con las decisiones, pasa con  otras muchas cosas, parece que tenemos aprendido que los pequeños detalles no importan. Yo, sinceramente, prefiero ir en contra de lo dictado y valorar mucho más las cosas pequeñas, esas que parecen que no existen pero que si buscas bien, encuentras lo que querías. Las cosas que te sorprenden, que por muy intrascendentes que parezcan, son las que te sacan una gran sonrisa. Una mirada, un mensaje, una caricia, un gesto dirigido solo a ti, te hace sentir especial, única en torno a un grupo; por un momento sabes que esa persona ha pensado exclusivamente en ti, algo le ha llevado a mostrarte su afecto solo a ti. Ese tipo de detalles son los que realmente me llenan por dentro, me hacen sentir feliz, ser mejor persona y querer más día a día a toda esa gente que con tan poco logran hacerme tan grande.

Volviendo a las decisiones pequeñas, un consejo: siempre que decidas algo, busca, busca el por qué has llegado hasta ahí, qué es lo que te hace que quieras hacer una cosa u otra. Es entonces cuando lo encontrarás, encontrarás esa decisión minúscula, pequeña, y justo ahí aprenderás a valorar realmente los detalles pequeños.

Siempre Peter...

jueves, 21 de junio de 2012



Muchas veces no queremos darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. No admitimos que todo ha cambiado, para bien o para mal pero que al fin y al cabo las cosas ya no son como las conocías. Y seguimos así, meses y meses ignorando la realidad, cegados por quién sabe qué y lo que es más importante, el por qué. ¿Por qué no queremos aceptar de una vez por todas el cambio?, ¿por qué nos lo negamos constantemente y nos repetimos una y otra vez que todo sigue igual? Puede que yo no tenga la respuesta a esto, al igual que tampoco la tengo de otras muchas preguntas, pero sí tengo una teoría.
Creo que nos resistimos a madurar, a reconocer que nuestra vida va tomando un rumbo diferente al que creíamos de pequeños, sabemos que poco a poco nos irá preocupando la situación de la sociedad actual; nuestros mayores miedos ya no serán el caernos de un columpio, ni la riña de nuestros padres por mancharnos el vestido. 
Ahora nuestros miedos son otros, son aceptarnos como somos realmente, saber lo que queremos, integrarnos socialmente, saber distinguir entre el deber y el querer, y lo que para mí es el mayor miedo: crecer. 
Miedo a crecer y a dejar de ser los niños que éramos, miedo a que nuestro espíritu de chiquillos nos abandone para siempre… Pero ¿sabéis qué? También soy de las que cree que siempre tendremos dentro al Peter Pan que viajará con nosotros siempre, fiel amigo, que nos recordará que nunca dejemos de disfrutar y de ser niños.

"Después de la tormenta...

jueves, 24 de mayo de 2012



"Después de la tormenta, siempre llega la calma". 
Está más que demostrado; tras los errores, las palabras mal dichas, las cosas mal hechas, todo un aluvión de cosas negativas, llega la calma. El momento de stand-by, de tranquilidad, de aparente normalidad que incluso no es muy normal. Como si nada hubiese pasado, como si estos últimos meses se hubiesen borrado de un plumazo, todo lo bueno y todo lo malo. Nada queda. 
Únicamente las conversaciones y conversaciones que quedan grabadas, y el recuerdo de alguna noche. 
Todo lo demás, lo realmente importante, los sentimientos son olvidados. 
Ya no hay nada por lo que luchar frente a nadie, ya no encontramos lugar para evadirnos. 
Todo aquello que planeamos quedará en la libreta de "Utopías"; todo lo que nos dijimos, todas las palabras se las lleva el viento.
Una cosa si tengo clara, y es que si hay algo que he aprendido de todo esto es que ir demasiado deprisa no lleva a ningún lado, que si fuerzas las cosas nunca saldrán bien y que aparentar sentir algo por alguien ni muchísimo menos te dejara en buen lugar.


Y ahora ya no somos nada, si es que algún día lo fuimos. Tan solo queda la amistad. 

-No juegues a querer si no lo sabes hacer-

Solo un capitulo más.

lunes, 21 de mayo de 2012



Ahora mismo por mucho que busco, por mucho que intento no puedo encontrar la palabra exacta que se ajuste a lo que siento. Solo sé que nada de lo que siento es positivo. Es una mezcla de decepción, culpabilidad, tristeza, impotencia, rabia... 
Estoy pasando por uno de esos momentos en que no sabes cómo reaccionar, te quedas simplemente mirando como van sucediendo las cosas pero no eres capaz de pararlo, plantarte y actuar. A pesar de que sabes que te estás haciendo daño a ti misma, no sabes o no quieres hacer nada para remediarlo. Solo te queda esperar. Esperar a algo que sabes de sobra que no va a llegar, pero te aferras a cualquier cosa, por mínima que sea para que se convierta en un motivo más que justificado para esa espera.     
Puedo admitir que estoy jodida, realmente jodida. Pero en estos momentos no puedo cambiar lo que hice mal en su día; me toca cerrar los puños, levantar la cabeza y continuar hacia delante, sin mirar atrás ni para coger impulso. Hasta que llegue el día en que habré caminado tanto, y habré avanzado tanto que entonces sin miedo pueda echar la vista atrás y podré corroborar que eres parte de mi pasado. Que ya no tienes lugar en mi vida, que he pasado página y que estoy mejor sin ti. Pero hasta entonces, no miraré atrás, no sin estar segura de que solo has sido un capítulo en mi vida, de esos que acaban como anexos en los libros viejos.

Ficha en jaque.




Cuando una persona no tiene las cosas claras automáticamente asume una serie de consecuencias.          
Creo que todos deberíamos actuar después de pensar en frío, pero generalmente solemos actuar antes, hacer caso a lo que te dice el corazón y dejarte llevar por los impulsos, quedando para luego la dura tarea de pensar. Es entonces cuando te das cuenta del error que has cometido, una vez que reflexionas sobre lo que ha pasado y maldices a tu corazón por no hacer caso a la razón.                                                                                                          
Entonces llega lo complicado; tú ya has actuado, has movido ficha pero inconscientemente, movida por algo que ni tú misma sabes que es. Pero de repente te das cuenta de que aquella ficha que moviste en su día, realmente nunca fue movida, al revés, esa ficha nunca debió ser ni siquiera enseñada, debió ser guardada dentro de ti para que nadie la tocara, nadie la dañase o la rompiese. Tú deberías haber protegido esa ficha como el peón hace con el rey en el ajedrez, pero no, desgraciadamente decidiste moverla, enseñarla e incluso arriesgarla. Por eso, por tu inconsciencia de no protegerla debidamente y arriesgarla, has estado a punto de perderla en manos de alguien que no la merece, de alguien que solo ha querido jugar con ella y no ayudarte a protegerla. 
Pero por suerte, en el último momento has sabido reaccionar, y lo duro llega ahora... Cuando tienes que decirle a ese alguien que tu ficha vuelve al lugar del que nunca tenía que haber salido, que vuelves a protegerla para que no pueda ser dañada y que ya no puede seguir jugando con ella. Debe darte igual su reacción, tienes que pensar egoístamente y saber que tu ficha está mejor contigo que con nadie y que si no la proteges tú, nadie lo hará.
Lo malo de todo esto es que durante meses has creído que tu ficha estaría mejor movida, y que con el tiempo formaría parte de algo, no solo de un simple juego. Y lo malo también de todo esto es que, aunque te joda, todo esto lo has provocado tú, por no tener las cosas claras. A esto me refería cuando al principio del texto hablaba de la consecuencias que debías asumir.

Por último creo que no hace falta decir a que me refiero cuando hablo de  la “ficha”. 
 

Snake

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